viernes, septiembre 25, 2026

25 años en Francia

 

     Hace 25 años llegué a vivir a Francia. Las razones ya son poco claras, pero sé todavía que tuvieron que ver con amor. Dejé atrás una ciudad que ya no existe, para ir a otra ciudad que ya tampoco existe, pero que será siempre la misma. Esa es su magia, y su maldición.
 
    Todo aquel tiempo está ahora contenido en recuerdos granulosos y azulados, que se suceden en mi mente como escenas de una ajena película: atravesar París en bicicleta a las dos de la mañana, encontrar libros mágicos en las estanterías de Saint-Michel, caminar desde la Place d’Italie hasta République en una tarde helada, descubrir un riff saturado y letánico que me provoca placer físico bajo los dedos, tocar frente a miles, tocar frente a nadie, un viejo mago cósmico que me tira una primera carta: El Eremita...
 
    Nunca nadie hubiera podido advertirme lo feliz que he sido, ni lo triste y perdido que me he sentido. El cambio es algo que se vive, más de lo que se siente, y he sido muy afortunado de vivir. Esta vez se siente especial. Algo que termina, algo que comienza.
 
    Permanecen la música y el diario de sueños. Y aquí sigo. Siento agradecimiento, alivio, resignación y VIVO. Con dolor físico y nostalgia crónica, pero feliz en los sueños que aún espero. Y espero. Soy alguien lleno de espera, que en otras realidades se llama Esperanza.
25 años en Francia